Sacar fotos hoy es un hábito común para cualquiera, pero es la profesión y acto vital de los fotógrafos. Y a José Luis Cabezas gatillar la cámara en el verano de 1996 le costó la vida.
El periodismo estaba detrás de Alfredo Yabrán, un personaje misterioso y casi con más poder que el mismísimo presidente. Nunca le habíamos visto la cara, hasta el 3 de marzo de 1996 pese a su aviso: "Sacarme una foto a mí es como pegarme un tiro en la frente".
Cabezas y el periodista Gabriel Michi no tuvieron miedo: fueron a buscarlo aquel verano a Pinamar. Hicieron guardia hasta saber en qué momento iba a la playa. Chequearon por los pocos datos que tenían y era él.
Fue el martes 16 de febrero de 1996 cuando Cabezas, primero fotografiando a Michi con su esposa, le pidió a la mujer de su vida, Cristina Robledo, que pose para la cámara. Sin distraerse con su sonrisa, puso el foco y zoom en Yabrán. No lo dudó: disparó.
Aquel día, por hacer su trabajo y conseguir lo que ninguna otra persona había logrado terminó sentenciando su muerte. Amenazas por doquier hasta el fatídico 25 de enero de 1997. Un brutal asesinato por ponerle cara a la impunidad. Y tanta, que a 26 años ningún condenado está preso.
Hoy y cada enero la consigna es fácil...
Cada vez que saques una foto, no te olvides de Cabezas.